¿Te ha pasado que encuentras belleza en todos, excepto en ti?
Que te das cuenta que las demás son mejores que tú, incluso en lo que eras buena.
En ocasiones vemos personas en redes sociales que lucen perfectas: cuerpo perfecto, pareja perfecta, vida perfecta... pero olvidamos algo importante: solo vemos una parte de su vida, no la historia completa.
A veces no nos damos cuenta de que nos comparamos con personas que son todo lo contrario a nosotras, o que simplemente están mostrando una versión editada de su vida, y sin querer eso nos afecta más de lo que creemos.
Compararse es como competir contra la mejor versión de alguien más, pero con desventaja, porque solo ves lo bueno de esa persona y lo que tú consideras “malo” en ti.
Y lo más raro es que muchas veces ni siquiera lo hacemos a propósito. Es automático. Ves una foto, un cuerpo, una vida, una forma de hablar o de ser… y sin darte cuenta empiezas a pensar: “yo no soy así”, “yo debería ser como ella”, o “¿por qué yo no puedo?”.
El problema es que en ese proceso empiezas a dejar de verte a ti misma con claridad. Lo que antes te gustaba de ti deja de sentirse suficiente. Y lo que antes era normal en ti, ahora lo ves como un defecto.
Y no siempre es solo en redes sociales. A veces pasa con alguien de la vida real: una amiga, una compañera de clase o alguien que admiras mucho.
Sin que esa persona haga nada malo, tú empiezas a sentirte menos, como si estuvieras en una competencia invisible. Y eso puede generar inseguridad, no porque la otra persona sea “mejor”, sino porque tú empiezas a dudar de ti.
La inseguridad hace que te compares más, y la comparación hace que te sientas más insegura. Es como un ciclo que se alimenta solo.
Y lo más fuerte es que esto pasa mucho en la adolescencia, porque estamos descubriendo quiénes somos. En esa etapa es muy fácil perderse entre lo que ves en otros y lo que realmente eres tú.
Pero algo importante es esto: nadie está viendo su vida completa. Todos tienen cosas que no muestran. Todos tienen inseguridades, aunque no se noten. Nadie es perfecto como parece.
Aprender a no compararte no es dejar de ver a los demás, es dejar de usarlos como medida de tu valor. Porque tú no estás en competencia con nadie.
Y aunque suene cliché, tu proceso es tuyo. Vas a verte diferente, crecer diferente y brillar en cosas distintas. Y eso no te hace menos, te hace tú.
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