A veces estás con tus amigas… pero te sientes sola igual.
Y no es porque no haya gente, es porque algo ya no se siente igual.
Tal vez ya no te cuentan las cosas como antes o sientes que encajas menos.
Pero la verdad es esta: las amistades cambian… y no todas duran para siempre.
Hay veces que sientes que algo cambió, que algo dejó de ser igual.
Y duele… porque estás tan acostumbrada a esas personas, que la simple idea de que ya no formen parte de tu vida se siente imposible.
Pero a veces no es amor… a veces es costumbre.
Y eso confunde más, porque no sabes si lo que sientes es porque realmente quieres quedarte, o porque no sabes cómo soltar.
Hay momentos en los que estás con ellas, pero ya no te sientes parte. Como si estuvieras ahí… pero no completamente.
Y entonces empiezas a preguntarte si hiciste algo mal, si estás exagerando, o si simplemente todo cambió.
Pero la verdad es esta: no todas las personas que se quedan son buenas para ti, y no todas las personas que se van… se van para siempre.
A veces crecer también significa aceptar que algunas conexiones ya no son como antes.
Y eso duele… pero también enseña.
También hay que aprender que extrañar a alguien no significa que deba volver a tu vida.
Muchas veces, si se van, es por algo. Y aunque duela, a veces era lo mejor para ti.
Pero cuando extrañas, entras en una negación donde no ves lo mal que te hacía esa persona.
Y ahí es donde cuesta más soltar.
Porque soltar a alguien no siempre es dejar de querer… a veces también es un acto de amor, pero hacia ti misma.
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